Lo que 260 euros pueden comprar hoy
Cuando un portátil cae de 430 a 260 euros de golpe, lo primero que uno piensa es: algo falla. A veces es cierto. Pero en esta franja de precio, la clave no es buscar el portátil perfecto, sino entender exactamente qué problema resuelve.
El B8 de 14 pulgadas con pantalla FHD, 8 GB de RAM y SSD de 256 GB tiene sentido para un uso concreto: trabajo de oficina, navegación, gestión de documentos, videollamadas. Eso y no mucho más. No está pensado para editar vídeo, ni para jugar, ni para tener treinta pestañas abiertas con Spotify, Teams y un PDF pesado al mismo tiempo.
El SSD lo salva, la RAM lo limita
El SSD marca la diferencia respecto a los portátiles de gama baja de hace tres o cuatro años. El arranque es rápido, el sistema responde bien en frío. Eso se nota en el día a día.
Pero 8 GB de RAM en 2025 es el techo justo. Funciona, sí. Lo que no sé es si esa RAM es ampliable, y ese detalle importa bastante si piensas usarlo más de dos años. Los portátiles de esta gama suelen tener la memoria soldada, que es la debilidad estructural del segmento completo: compras lo que hay y no hay más conversación.
A quién le encaja y a quién no
Le encaja al estudiante que necesita un segundo equipo ligero, a quien tiene un portátil viejo que ya no arranca bien, o a una familia que necesita un ordenador para gestiones puntuales.
No le encaja a alguien que trabaja con aplicaciones exigentes, que usa máquinas virtuales, o que espera tenerlo como equipo principal durante cinco años. Para esos casos, el ahorro inicial se convierte en frustración rápida.
A 260 euros con un descuento del 39%, si tu uso es el correcto, la amortización es cuestión de meses. Si no lo es, ningún precio lo arregla.